San Martín necesitaba ganar. Por la tabla de posiciones, por la necesidad de alejarse de la zona del descenso, por la obligación de acercarse a los puestos de Reducido, por el momento futbolístico y por todo lo extrafutbolístico que había pasado durante la última semana.

Necesitaba ganar después de algunos partidos en los que el equipo había dejado más dudas que certezas. Necesitaba ganar porque cada fecha empezaba a pesar un poco más. Pero sobre  todo necesitaba ganar también después de las declaraciones de Nicolás Ferreyra, que pusieron sobre la mesa algo que en La Ciudadela se viene discutiendo desde hace tiempo: la falta de una base, la dificultad para construir un equipo y esa sensación de que cada torneo obliga a empezar casi de cero. Y el “Santo” ganó y goleó.

Eso, por estas horas, es lo más importante.

No porque San Martín haya jugado un partido extraordinario o porque haya encontrado de repente todas las respuestas posibles en este duelo. El equipo dirigido por Alejandro Orfila tuvo algo que en este contexto necesitaba mostrar: ganas de ganar.

Insistió, empujó y buscó. Y cuando el fútbol no apareció con demasiada claridad, puso otra cosa.

En el primer tiempo le costó un poco resolver las jugadas. El equipo generó situaciones, pero volvió a mostrar algunos de esos problemas que lo vienen acompañando. Gabriel Carabajal apareció por momentos, pero no consiguió darle continuidad al juego. Y Alan Cisneros, que podía ser una de las llaves para romper el partido, estuvo demasiado contenido.

San Martín tenía la pelota, pero no siempre sabía qué hacer con ella. Para colmo, cuando llegaba a situación de gol, fallaba en el último pase o en la definición. Sin embargo, algo cambió más tarde.

Agustín Graneros jugó un buen partido y, junto con Santiago Briñone, consiguió darle un poco más de orden a la mitad de la cancha; y ese no es un detalle menor. San Martín necesitaba dejar de atacar solamente desde el impulso y empezar a darle cierta lógica a sus avances. Y Cisneros también cambió.

En el segundo tiempo el joven volante apareció mucho más punzante, atacó mejor los espacios y empezó a generar el desequilibrio que no había conseguido encontrar antes. Bruno Cabrera, con su insistencia, también sostuvo esa búsqueda. De esa manera, San Martín encontró el primer gol y, a partir de ahí, además encontró algo todavía más importante: los espacios.

El "Sojero" se adelantó y el "Santo" lo sentenció

Agropecuario tuvo que adelantarse y mostró todas sus limitaciones. El equipo visitante fue bastante pobre en su respuesta, y el dueño de casa aprovechó ese escenario. El partido se abrió y aparecieron los otros dos goles.

Así, el 3 a 0 terminó siendo mucho más contundente que el desarrollo. Pero tampoco hay que pedirle a esta victoria algo que no puede dar.

Tres goles no borran todos los problemas, tres puntos no construyen un proyecto o un buen segundo tiempo no resuelve automáticamente las dificultades que el equipo arrastra desde hace tiempo. Pero en este escenario sí pueden entregarle, en cambio, un clima diferente. Y San Martín necesitaba eso, casi como agua en medio del desierto.

Después de una semana en la que volvió a discutirse qué equipo se está construyendo y para qué, el plantel respondió de la manera más concreta que podía. Ganó el partido, volvió a meterse en la conversación de los que quieren llegar al Reducido y, al menos, le entregó una alegría a su gente.

No fue una obra de arte ni mucho menos. Pero fue un triunfo tan necesario como relajante y reconfortante.

El “Santo” entendió que esta vez no alcanzaba con jugar. Debía ganar, y lo hizo de manera contundente.

Claro; ahora viene lo verdaderamente importante. El “Santo” debe demostrar que este 3 a 0 no fue solamente un alivio, sino el comienzo de una era positiva.